- En sí no es difícil, Ludlud, estaba pensando que el problema de elegir, que es cada vez más el problema de este roñoso y maravilloso siglo con o sin el maestro Sartre para ponerlo en música mental, reside en que no sabemos si nuestra elección se hace con manos limpias. Ya sé, elegir es mucho aunque uno se equivoque, hay un riesgo, un factor aleatorio o genético, pero en definitiva la elección en sí tiene un valor, define y corrobora. El problema es que a lo mejor, y estoy pensando en mí, cuando yo elijo lo que creo una conducta liberatoria, un agrandamiento de mi circunstancia, a lo mejor estoy obedeciendo a pulsiones, a coacciones, a tabúes o a prejuicios que emanan precisamente del lado que quiero abandonar.
- Blup - dijo Ludmilla que siempre decía eso para alentarme.
- ¿No estaremos, muchos de nosotros, queriendo romper los moldes burgueses a base de nostalgias igualmente burguesas? Cuando ves cómo una revolución no tarda en poner en marcha una máquina de represiones psicológicas o eróticas o estéticas que coincide casi simétricamente con la máquina supuestamente destruida en el plano político y práctico, te quedás pensando si no habrá que mirar de más cerca la mayoría de nuestras elecciones.
[...] Me pregunto si las cosas que quisiera cambiar en mí no las estoy queriendo cambiar sin que en el fondo nada cambie gran cosa, sí cuando creo elegir algo nuevo mi elección no está regida secretamente por todo lo que quisiera dejar atrás. [...] todo estaría en saber si realmente busco, si salgo a buscar de veras o si no hago mas que preferir mi herencia cultural, mi occidente burgués, mi pequeño individuo despreciable y maravilloso.
lunes, 26 de julio de 2010
Cortázar una vez más.
Libro de Manuel.
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