domingo, 24 de julio de 2011

Despecho

2/4/2011
La parte más difícil de la muerte no es ella en sí. Es el después, después de todo el dolor, después de todo el llanto, ahí cuando de verdad empezás a esquematizar tu vida en las ausencias. Ahí cuando empezás a darte cuenta de los vacíos, cuando caes en la incomprensión, cuando en tu imaginario no hay lugar para el vacío, el no ser. Recién después es cuando tu mente empieza a fallar, a, por fuerza de costumbre, imaginar cada escena llena, y vuelve el llanto, y ahí, en especial ahí, cuando las cosas se asentaron en tu cabeza empezás a extrañar, a no entender porque extrañas, esa estupidez sin salida, no hay nada que hacer. Tenemos memoria y estamos condenados a extrañar, a que las ausencias nos duelan por cada poro de nuestra piel. Ahí es donde me quedo sin explicación. ¿Porqué tenemos que añorar algo que sabemos que no va a volver? ¿Qué significa morir? Si, el cuerpo se detiene, pero ¿qué pasa con la carga emotiva? ¿qué pasa con la mente, los recuerdos, el alma? Y, ¿qué pasa con todos los demás que se quedaron atrás? ¿Qué se forma en la mente de aquellos? ¿Porqué tenemos que cargar con tantos fantasmas?
Qué pensar, qué pensar. Como superar una muerte es algo que no llego a entender. Siempre va a estar ahí, no es algo de lo que se regrese, aunque lo deseemos. Quizás si el después de la muerte no nos asustara tanto, éstas dejarían de pesar. Pero todo allí es confuso, pasando desde porque hay que morir hasta como es la nada, o que hay después. La muerte es eterna, y la razón humana no puede entender eso. La muerte es el vacío, pero eso tampoco podemos entenderlo. Entonces, ¿cómo manejamos ésto? ¿Qué pensar?