En el fondo lo que no quería hacer era inmiscuirme en tu vida. Todo estaba tan planeado, tan organizado, que temía que el primer movimiento mío alterada el orden cósmico de la situación. Arriesgué todo, dos años de mirarte, dos años de observarte, de permitir acercarte, siempre ahí tan lejos. Realicé mi primer paso, el primero, el que en el fondo lo esperabas. Desde ahí, todo fue movimiento, todo fue conocerte, todo fue admirarte, quererte, gozarte, amarte, pero sabía que no me bastaba. Necesitaba más de esa esencia que eras vos y tu música, tus perfumes, tus fotos, tus ropas. Poco a poco fui mezclándome entre ellos, avanzando tan despacio que vos ni lo notabas. Con el tiempo, mi departamento dejó de existir, mi ropa, mis cosas también, y no me importaba, todo lo que necesitaba era a vos para vivirte. Copié cada movimiento tuyo, yo también comencé a desaparecer, te vi olvidarme, aunque sabías bien que seguía cerca. Hasta que una noche, me soñaste y me besaste, me arrastraste hasta ese mundo donde me mirabas sólo si te mirabas, y desde ese día sólo existo para amarte, para entregarte mi muestra de mi más puro amor dentro de cada espejo, siendo vos sin serlo, de nuevo siempre ahí tan lejos sin tocarte pero esta vez tocándome a mi que sos vos. Te amé. No quería llegar a tanto, pero no me importó y te amé. Te gocé, te espié, te sentí, te espere.
Y fui feliz.